La ascensión del Señor es la fiesta de la exaltación de Cristo al cielo. Junto a su exaltación, la exaltación del cristianismo. Y así, al final de nuestro peregrinaje por la historia, el seguimiento fiel de los pasos del Maestro, será también nuestra glorificación con Él. Este es un día para la esperanza, para el consuelo, para la sonrisa del corazón. Toda acción generosa, todo gesto sacrificado de amor al prójimo, toda realización de nuestro proyecto de vida, en consonancia con el Evangelio, con los valores del Reino, desemboca en glorificación. Este día nos sugiere también una sugerencia práctica: plantear nuestra vida en clave de "ascensión", de subida constante, de mejora cotidiana. No podemos ir "para atrás", en lamentables retrocesos, sino que hemos de caminar siempre hacia delante, hemos de "subir" a ese cielo de plenitud que Jesús nos ha conquistado.

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