Con este blog se pretende tener un contacto sincero con Dios y los hermanos. Daros puntos de reflexión, oración e información. Un vehículo humilde de extensión de nuestra fe, a la vez que un modo de conocernos mejor y acercar nuestras parroquias a vuestros hogares, a vuestra vida. Este blog interparroquial está abierto a todos vosotros, con el único fin de crecer en el seguimiento de Jesús.

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13 de diciembre, Día de Santa Lucía

Este 13 de diciembre celebramos la Octava de nuestro patrón, San Andrés Apóstol y la festividad de Santa Lucía. Santa Lucía, de gran devoción en nuestro pueblo, es por excelencia la patrona de todos los invidentes, también de las modistas y de los sastres y de todos aquellos oficios que necesitan tener una vista muy atenta.

Tal y como mencionó el Papa Francisco en una de sus homilías, hay que mencionar algunos valores humanos de la figura de Santa Lucía que deberíamos de compartir todos. Santa Lucía vivió de manera ejemplar gracias a su fe en Jesucristo. Su vida pura y humilde, su caridad y fervor, su entrega plena al servicio de Jesucristo, fueron premiados con la palma suprema de la virginidad y del martirio. Como discípula verdadera, llegó a la gloria del Padre, por el camino del sacrificio y la obediencia hasta la muerte.

Primero, Santa Lucía, sugiere el valor de “el coraje”. Era una mujer joven que afrontó las torturas y la muerte violenta con gran valentía, un coraje que vino de Cristo resucitado, a quien estaba unida, y del Espíritu Santo, que vivía en ella. Todos necesitamos coraje para afrontar las pruebas de la vida. Necesitamos coraje para no cerrarnos, para no asumir una actitud de víctima, sino por el contrario abrirnos a la realidad, a los demás, a la sociedad, para conocer y apreciar las capacidades que el Señor ha puesto en cada uno de nosotros. Pero para ello necesitamos coraje, la fuerza del ánimo.

Otro valor que nos sugiere Santa Lucía, es el hecho de que ella no estaba sola, sino que era parte de una comunidad, era un miembro de un cuerpo del cual Cristo es la cabeza, piedra de un edificio del cual Cristo es el cimiento, nuestra Iglesia. También este aspecto se debe reflejar en nosotros. Somos una comunidad, no somos una suma de individuos, somos mucho más. Hacer grupo, ser solidarios, conocer, compartir experiencias, aunar recursos,… todo esto forma parte del patrimonio de un pueblo, y así debe de llegar a ser San Andrés, como pueblo. Tenemos que llegar a ser un solo cuerpo.

Finalmente, Santa Lucía nos dice que la vida está hecha para ser donada. Ella vivió esto en la forma extrema del martirio, pero el valor del don de sí mismo es universal: es el secreto de la verdadera felicidad. El hombre no se realiza plenamente en el poseer y ni siquiera en el hacer; se realiza en el amar, es decir, en el donarse. Y esto también se puede entender como el secreto del nombre “Lucia”: una persona es “luminosa” en la medida en que es un don para los demás.

Vivir según estos valores puede comportar hoy incomprensiones, ir contracorriente, pero esto no es de extrañar; el testimonio requiere siempre pagar personalmente. La sociedad actual apunta hacia el individualismo, corre el riesgo de olvidar “la comunidad”, el darse a los demás. Por eso todavía hay necesidad de luchar, con el ejemplo y la intercesión de Santa Lucía. Debemos de hacerlo con coraje y con alegría siempre juntos.


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